Domesticar los equipamientos, la casa colectiva

Domesticar los equipamientos, la casa colectiva

Ca la Dona es un espacio de mujeres y para mujeres como lugar de encuentro donde se fortalecen las relaciones entre las decenas de grupos feministas que conforman la entidad. Nace en 1988 y va ocupando diferentes edificios hasta que, en 2017, se sitúa en la calle Ripoll 25 de Barcelona.

Desde que en 2005 se empezaron a trazar las primeras ideas para el proyecto de Ca la Dona, uno de los retos que siempre estuvo presente en todas las reuniones y talleres del proceso participativo de diseño fue que la nueva sede de Ca la Dona tenía que hacernos sentir como en una casa y no en un equipamiento. Para ello fue fundamental cambiar la manera habitual de pensar los espacios, las estructuras, los materiales, los acabados y los procesos de producción del hábitat.

Los espacios buscan ser acogedores, adaptables y transformables. Por ejemplo, un detalle importante es que los espacios se comparten, no se cierran con llave y los armarios ayudan a flexibilizar las diferentes actividades.

Con el objetivo de consolidar una arquitectura de los cuidados, que ya se abordó en el Festival UrbanBat 2019, en Ca la Dona existe un espacio infantil esencial para compatibilizar la participación de las mujeres en la etapa de maternidad en jornadas, asambleas y otros actos. Este espacio está localizado estratégicamente para garantizar la conexión visual entre madres e hijas/os de los principales espacios públicos de la casa, ofreciendo a su vez su autonomía e intimidad.

La planta baja como acogida alberga una sala de exposiciones, la biblioteca y el Centro de Documentación, probablemente de los más importantes del movimiento feminista de Europa, y donde tantas mujeres podrán escapar de las fronteras de un olvido que las ha tenido demasiado tiempo secuestradas.

En todas las fases del proyecto se ha trabajado en la búsqueda de soluciones innovadoras que hagan visible el compromiso feminista con el medio ambiente. Por ejemplo la consolidación estructural de todos los forjados se ha realizado con paneles de madera contralaminado, utilizado por primera vez en Europa en una rehabilitación de un edificio histórico. También el uso de materiales naturales y ecológicos ha sido una prioridad del proyecto, utilizando aislantes térmicos de corcho y celulosa en cubiertas y paredes. Y en relación a las instalaciones, se ha apostado con la cogeneración de energía con la incorporación de placas fotovoltaicas en el propio diseño del edificio.

La cubierta de Ca la Dona dispone de una gran terraza, donde se ha habilitado un huerto auto-gestionado por el grupo de las Horteres. El cuidado de las plantas y el mundo natural nos permiten hacer terapia para mejorar el bienestar social, espiritual, físico y emocional de las personas: Aprender a cuidar las plantas nos permite aprender, a la vez, a cuidarnos a nosotras mismas. En la cubierta también se encuentra una pequeña sala totalmente de madera como espacio de ensayo de los grupos de música o actividades más ruidosas como las clases de defensa personal.

Los acabados buscan ser suaves, porosos, sin mármoles, huyendo de la monumentalidad muchas veces inherente al equipamiento público. El edificio tenía que permitir entrever sus 2.000 años de historias anónimas de tantas mujeres que lo han habitado. Para ello en varias ocasiones fue necesario la inclusión de la autoconstrucción en la producción del hábitat, contando para ello con la ayuda de las socias de Ca la Dona, como en las paredes de la escalera principal, donde con su trabajo manual se han recuperado las pinturas originales, dejando a su vez las cicatrices de los años, para poder acariciar el pasado. Como decía Walter Benjamin “habitar es dejar huellas”.

También fue fundamental la autoconstrucción en la protección contra el fuego de las lamas de madera de los falsos techos registrables que tamizan las instalaciones parcialmente.

Y por último, uno de los detalles de más valor en Ca la Dona, es el pavimento “chispeado” de planta baja. Se trata del diseño del pavimento que detrás de una colocación aleatoria de mosaicos hidráulicos recuperados del propio edificio, esconde la historia arqueológica del subsuelo. El trabajo incansable de las socias de Ca la Dona por construir su propio espacio, se hizo presente durante semanas recuperando todos los mosaicos hidráulicos que existían en la casa, y retirados para realizar el refuerzo estructural. Este trabajo siguió con la limpieza de las piezas, su redibujado y recopilación, su acopio y finalmente su desplazamiento hasta su lugar donde volver a tener vida en la planta baja. Todas estas piezas acariciadas por tantas manos, y acompañadas por las Voces de Venus, se han cargado de energía que acoge a todas las personas que entran en la casa.

La participación de las socias de Ca la Dona ha estado presente en todo el proceso de producción del hábitat, desde el diseño hasta la propia construcción. Y a su vez, ha sido totalmente fundamental en la toma de muchas decisiones. Toda una nueva manera de entender un proyecto realizado con fondos públicos y también propios de la entidad. Pero lo más importante es el cómo lo hemos hecho posible, como un proceso de casi 12 años de conocimiento mutuo y crecimiento personal entre arquitectas y socias de Ca la Dona.

Estos detalles refuerzan la filosofía de Ca la Dona también como un espacio de reflexiones i debates internos que a su vez trascienden hacia la ciudad, ya sea en sus actividades culturales y activistas. Los mensajes de las diferentes manifestaciones tienen su espacio de generación colectiva en la propia Casa que cruza hacia las calles. Lo interno y externo se trenzan en esa búsqueda de domesticar los equipamientos.

En los últimos meses, la pandemia nos ha devuelto a nuestras casas, muchas veces olvidadas por la vida frenética actual. Este volver al hogar ha servido para reforzar muchas de las decisiones y sobre todo la filosofía de Ca la Dona. Quizás, después de haber domesticado los equipamientos, ahora es el momento de que Ca la Dona nos ayude a domesticar nuestras casas con balcones, terrazas, huertos, espacios poli-funcionales, compartidos con la familia, con los vecinos. Una visión naturalista y colectiva de la vivienda indispensable para la socialización en confinamiento.

Ca la Dona ya tiene casa!

Sin comentarios

Sorry, the comment form is closed at this time.

Sandra Bestraten

Arquitecta. Profesora asociada de la ETSAB UPC.

Participa en el Taller Temático Arquitectos de Cabecera AC.

Profesora cooperación UIC.

Socia del despacho de arquitectura bharquitectura.

Presidenta de la Demarcación de Barcelona del Colegio de Arquitectos de Cataluña, desde junio 2018.